SENDA FUENTE DEL ROBLEDILLO

 Senda ecológica nº 1 (circular): (Ambite – Fuente del Robledillo – Ambite)

Características técnicas:

Recorrido: 4,5 Km

Tiempo: 1 hora + tiempo de paradas

Velocidad media: 4,5 Km/h

Desnivel máximo: 75m (625-700m)

Dificultad: Baja

Recomendaciones: Llevar prismáticos para observación de aves u otros objetivos lejanos. Descansar o comer algo en la fuente.

Descripción de la senda:

Desde la plaza mayor tomamos la calle Vega. Cuando abandonamos las últimas casas del pueblo divisamos la vega del río Tajuña y más arriba la Peña Ambite (830m de altitud).

Luego observamos cultivos y el bosque de ribera, destacando los chopos (chopo lombardo). A nuestra izquierda, en lo alto, el Palacio de los marqueses de Legarda, del siglo XVII, con un olivar bajo él.

En el camino observamos la introducción de especies arbóreas por el ser humano, como las arizónicas de alguna parcela o los ailantos (especie invasora). A la vez vemos, compitiendo con ellos, a un árbol emblemático de la comarca, el olmo,  muy afectado por la grafiosis (enfermedad producida por un hongo trasmitido por un pequeño escarabajo).

Más adelante vemos a la izquierda el Barranco del Espinar (flujo de agua hacia el Tajuña).

A nuestra derecha se extiende un gran campo de cultivo con un muro de piedra y en el río una encina , la “Encina de la Huerta”, catalogada como árbol singular de la Comunidad de Madrid.

A continuación existen cultivos de cereal, guisantes y frutales, olmos y zarzas a orillas del caz (canal de riego), cubierto en gran parte de carrizo (planta en la que se refugian o duermen carriceros y otras aves palustres).

Otras aves que podemos observar: paloma torcaz, urraca, mirlo, colirrojo tizón, cogujada común, estornino negro, gorrión común… y en menor medida: paloma doméstica, cernícalo vulgar, petirrojo, lavandera blanca, pinzón vulgar, jilguero, verderón, verdecillo,tarabilla común, herrerillo común…y en el entorno del río: pato azulón, cormorán grande y con suerte alguna garza real o incluso su pariente el martinete. A lo largo de toda la senda posiblemente veremos algunas rapaces, además del cernícalo, entre ellas: busardo ratonero, águila calzada, milano real, milano negro, águila culebrera, buitre leonado e incluso buitre negro o alguna de las grandes águilas ibéricas: como la perdicera y  la real.

Si nos fijamos en el paisaje, apreciamos en la ladera izquierda del valle predominio de los olivares

y en la ladera derecha, mezcladas con los olivares, la encina, la coscoja y otras especies del monte mediterráneo.

Según avanzamos, al fondo observamos una arboleda, al acercarnos a ella vemos en el caz una compuerta de hierro para regular el paso del agua de riego

y más adelante una masa de cañas, que constituyen el  hábitat de pequeñas aves y que además son muy utilizadas como tutores para los huertos familiares.

Si miramos hacia el monte veremos ahora mejor la Peña Ambite, con una pequeña cruz de piedra (visible con prismáticos), que fue lugar de peregrinación para los ambiteños en el pasado.

Por fin llegamos a una hermosa arboleda de álamo blanco (corteza y envés de la hoja de ese color) que le da variedad a nuestro paseo y donde no es raro oír el tamborileo de nuestro pájaro carpintero más común: el pico picapinos o del más escaso pito real. Este sonido puede provenir también de los árboles del río, de donde en primavera puede llegarnos además el canto del cuco o del ruiseñor (común y bastardo).

Más adelante, a nuestra izquierda, en la parte alta de la ladera observamos un muro de piedra con unas colmenas, no olvidemos que estamos en la Alcarria madrileña y la miel es de gran calidad.

Volviendo la vista hacia el río disfrutamos del verde en primavera y verano y en otoño del amarillo y el ocre antes de que los árboles se preparen para soportar las temperaturas del invierno, que en el fondo del valle pueden descender por debajo de  -10ºC.

Luego el camino bordea el monte. Podemos ver, a la izquierda una encina con parte de su raíz visible entre las piedras; la encina es un árbol de raíz muy profunda, para alcanzar la poca humedad que exista en el suelo durante  la sequía estival. Eso, junto a la capa de ceras del haz de sus hojas y el pequeño tamaño de estas, le permite reducir las pérdidas de agua por transpiración y adaptarse así a un seco y caluroso verano (más de 35ºC), aunque de noche casi siempre baja de 20ºC (lo que permite descansar bien a los ambiteños).

En esta zona de monte podemos ver o escuchar al zorzal charlo, la curruca cabecinegra, el triguero o el carbonero común, sin olvidar a la perdiz roja  y a otras     ( ya vistas antes), como la paloma torcaz, el colirrojo tizón, el mirlo o la urraca. Si es primavera veremos golondrina (común y dáurica), avión común, vencejo común o el bello abejaruco (consumidor de abejas). A estas alturas ya hemos recorrido más de 1/3 de nuestra ruta y se ven bastantes plantas de hinojo con sus típicas flores amarillas, que aparecen ya en verano, planta de uso común, como condimento, sobre todo en Andalucía.

Por fin a la izquierda del camino tomamos una senda. Rápidamente giramos a la izquierda y nos incorporamos a un camino más ancho que asciende por el monte, para buscar la Fuente del Robledillo.

A partir de aquí vemos muchos olivares, las aceitunas comienzan su maduración a partir de noviembre (cuando se recogen para consumir), otras se dejan hasta pleno invierno  (entonces se recogen para aceite, ya bien maduras).

Muchos olivares se han abandonado y convertido en monte con numerosas especies de arbustos, entre ellos: el majuelo de flor blanca, hoja lobulada y fruto rojo y esférico, el rosal silvestre, con hoja de borde aserrado y fruto rojo ovalado (con gran cantidad de vitamina C y astringente), el torvisco, planta venenosa con hoja alargada y fruto naranja, la cornicabra, con racimos de frutos rojos, la retama común, que pierde la hoja con los primeros calores para limitar la transpiración y las ramillas verdes las reemplazan en la fotosíntesis, el aladierno o carrasca fina con hojas pequeñas dentadas y frutos rojos, la coscoja, con sus bellotas y las hojas de color verde más claro y brillante que la encina, la aulaga o aliaga con afiladas púas, pero con una bella flor amarilla en primavera (de las primeras que viste estos montes, junto a la del almendro).

Además vemos matas, como el espliego, el tomillo y otras aromáticas; todas ellas base para las mieles de la comarca. Además encontramos el esparto, una herbácea de sobresalientes espigas y hojas alargadas, de gran tenacidad, para fabricar cestos y otros materiales (en Ambite hasta hace muy pocos años).

A la orilla del camino también es frecuente la presencia del cardo corredor (que dispersa las semillas al secarse y ser arrastrado por el viento), en su raíz, en otoño, puede aparecer la famosa seta de cardo y no olvidemos los espárragos trigueros, muy buscados en primavera.

En ocasiones a la orilla del camino podremos ver alguna letrina de conejo (lugares comunitarios de deposición de excrementos). Si ha llovido recientemente nos sorprenderá alguna huella de corzo o de jabalí. A última hora de la tarde es más probable avistar algún corzo y en cualquier momento nos puede sorprender la huida de un conejo. Una adaptación interesante en la encina para evitar la presión de los herbívoros (particularmente el corzo) es la presencia de pequeños pinchos en el borde de sus hojas más bajas, donde alcanzan los herbívoros, mientras en las ramas altas presentan hojas casi sin pinchos.

Llegamos a un cruce de caminos y tomamos el de la derecha para llegar en 2 minutos a la Fuente del Robledillo. Antes de llegar, a la izquierda del camino, nos dan la bienvenida un par de hermosos quejigos,

a menudo llamados robles por los ambiteños, de ahí el nombre de la fuente. Al quejigo lo diferenciamos por su hoja mayor y más blanda que la de su congénere la encina, además en otoño pasa de color verde a amarillo y luego a marrón, permaneciendo en el árbol hasta casi el final del invierno (hoja marcescente), entre tanto la encina mantiene la copa verde todo el año (perenne). El quejigo es un árbol que precisa más humedad que la encina, así que lo vemos sobre todo en vaguadas o laderas orientadas al norte, por lo demás el fruto es una bellota como en la encina.

En el entorno de la fuente veremos sobre todo encinas

y en las zonas más cercanas al agua olmos y chopos, conformando todo un conjunto de verdor frente al monte más seco, un buen lugar para reponer fuerzas antes de continuar. Por otra parte algunas especies de herbáceas se hacen presentes aquí, por ejemplo el junco churrero (así llamado por su uso tradicional para transportar churros) .

Antes de continuar, si es primavera, podemos ver renacuajos en la charca de Anfibios habilitada más abajo de la fuente

y si hay suerte escucharemos el canto de la tórtola común o del cuco.

Desde la fuente volvemos hasta el cruce mencionado antes donde seguiremos de frente. Aquí nos vemos rodeados de olivares por todas partes (aunque muchos están abandonados). Por ello abundan también la encina, la coscoja y algún quejigo y arbustos como la aulaga, la retama común, la cornicabra el aladierno, el espino negro, la efedra, el jazmín y entre las aromáticas destaca el tomillo, con sus características flores blancas, y también veremos el romero. Además esparto y alguna esparraguera y la conocida hierba de las siete sangrías con sus llamativas  flores azuladas en primavera. También podemos observar madreselva trepando por olivos o encinas. Todas ellas ocupando espacios de los que antes eran únicos dueños los olivos, algunos de estos marcados aún por un importante incendio ocurrido al acabar el siglo XX.

Probablemente veamos también mirlo, paloma torcaz y buitre leonado, además de escuchar y si hay suerte ver a la pequeña curruca cabecinegra (que vuela muy baja entre la espesura).

Si es otoño o final del invierno es posible observar, en cualquier lugar del recorrido alguna bandada de grullas en paso migratorio, con su reclamo característico mientras vuelan.

Mientras avanzamos hacia Ambite se descubre el camino de la Vega a la izquierda y debajo. Luego nuestro camino, desciende y a los lados del mismo podemos observar el brillo de las rocas son yesos, con cristales de dicho mineral, testigos de otra época geológica anterior a la formación del río cuando el agua se estancaba en esta comarca. En el camino no es difícil observar letrinas de conejo. Si hay suerte veremos al pico picapinos o a la cogujada montesina (congénere de la cogujada común, pero más propia de esta zona de monte), si es primavera o verano es frecuente observar al abejaruco y entre las mariposas una de las más frecuentes es la blanquita de la col.

Después cruzamos un pequeño valle que baja del monte con encinas de gran porte y luego a nuestra derecha veremos las colmenas (que anteriormente vimos a lo lejos)

Si desde ese lugar miramos a nuestra izquierda (al otro lado del valle) veremos de nuevo la Peña Ambite. Poco después se incorpora un camino a nuestra izquierda, que ignoramos, continuando por el que vamos (llamado Camino del Robledillo).

Si es primavera no es raro escuchar el canto de varias aves, entre ellas la tórtola común y el ruiseñor común y bastardo y en cualquier época el tamborileo del  picopicapinos, muchos de estos sonidos provienen de las inmediaciones del río.

Por fin bajamos del monte para entrar otra vez en la vega, desde ahí divisamos de nuevo el Palacio de los marqueses de Legarda, con la famosa Encina de Ambite a su derecha´, otra encina catalogada como árbol singular,

seguimos por la orilla de un caz de riego y más adelante cruzamos el arroyo del Barranco del Espinar y nos incorporamos al camino de la Vega que nos lleva directamente al pueblo.

En esta descripción se han subrayado entre otros:

  • 24 especies de árboles y arbustos
  • 49 especies de aves
  • 9 lugares emblemáticos
  • Además se incluyen 53 fotografías